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Una de las noches que desataron el infierno argentino

Ese día negro tenía el mirar de mis 10 años, y la desgracia de vivir la situación no solamente como espectadora de televisión, sino siendo la hija de un “militante”.

Ser peronista en la década del ’70 era ser “grasa”, y la verdad es que nunca quise pertenecer a la grasa de las capitales ni de los suburbios, pero había algo inevitable, era la hija de un peronista, situación que a toda costa trataba de evitar difundir, ni permitir en lo posible de que otros se enteren.

El regreso de Perón, mi padre la vivió con más ansiedad que todo lo que se pueda imaginar, jamás lo ví tan feliz. Mi hermano estaba contagiado de ese espíritu “peronista” y yo asqueada.

Cuando Cámpora (el Tío como se llamaba en mi familia) asume como presidente, mi padre estaba en el círculo de “confianza”, entonces cada burrada que el gobierno hacía, era causa de festejos en mi casa y a pesar de mi corta edad cuando objetaba algo con mis escasos años, automáticamente era descalificada, actitud que sigue manteniendo la gente de esta línea, 44 años después.

Nadie habla de la noche del 25 de mayo de 1973, pero según mi mirada, fue una de las noches más negras de la historia argentina, a partir de ese momento yo aprendí a convivir con los asesinos cara a cara.

Después del triunfo de Cámpora, los miembros de la Cámara Federal que había juzgado y condenado a los delincuentes subversivos,  empezaron a recibir amenazas de muerte; pero no solamente anónimas, también sufrían la presión oficial, “de arriba”, que según testimonios, se les “pidió”  “aflojar un poco en las investigaciones antisubversivas”.

Cuando el cadáver del terrorista Fernández Palmeiro (el gallego), asesino del Contralmirante Ermes Quijada, entró en la morgue, el Jefe de Policía Alberto Cáceres informó a la Cámara Federal que “por orden de Cámpora debía suspenderse la autopsia”. La situación se hizo insostenible para los camaristas. Poco a poco retiraron sus cosas de las oficinas, convencidos de que la Cámara estaba a punto de desaparecer.

Los Camaristas fueron previsores, y no sé si por rumores o qué, 20 días antes de la asunción de Cámpora enviaron al arsenal naval las armas secuestradas a los terroristas, y la Armada fotocopió toda la documentación de las investigaciones antisubversivas, previniendo que las mismas serían robadas y quemadas. Tenían pruebas de que el Ministro de Interior Esteban Righi, había ordenado a un grupo de amigos, que hicieran desaparecer una importante documentación que guardaba DIPA (ex coordinación federal). Así se llegó al 25 de mayo de 1973.

A las 8 y media de la noche, Juan Manuel Abal Medina, Secretario del movimiento Justicialista, hermano de uno de los asesinos de Aramburu, marido de Nilda Garré y padre de quien fuera Jefe de Gabinete de Cristina Fernandez de Kirchner , llamó por teléfono al Ministro Righi y le exigió un decreto de Cámpora para liberar a los terroristas presos en Villa Devoto y en Caseros.

Righi le contestó: “quedate tranquilo. Voy a hablar con Cámpora. Esta noche los van a largar a todos”. Media hora más tarde, Abal Medina insistió. Righi, eufórico, le informó que el decreto ya estaba firmado.

Entonces, desde la sede del Partido Justicialista, Boedo 127, Abal Medina y sus acólitos se apoderaron de autos, camiones y colectivos, juntaron toda la gente que pudieron y fueron hasta el penal de Villa Devoto, al que tomaron por asalto.

Abal Medina habló desde las almenas. Se produjo un tiroteo. Hubo muertos y heridos, pero las cifras nunca se conocieron. Y a la 1 de la madrugada del 26 quedaron en libertad todos los presos, delincuentes comunes y terroristas.

Hasta ahí los hechos…

Mi mirada de 10 años

No se podía vivir en esta Argentina, recuerdo los comunicados, presos y asesinos celebrando la libertad de matar y delinquir abiertamente. Con Cámpora reinaba el caos. Se sentía una sensación abismal… y ahora qué? era la pregunta diaria.

Uno de los presos liberados, era el hijo de Dante. Dante era un vecino que tenía una verdulería a la vuelta de mi casa. Su hijo, detenido en Devoto por robo a mano armada, y según se cometaba en el barrio cargaba con dos asesinatos, pasó de ser un preso condenado a atender la verdulería de su padre.

Mi madre me mandaba a comprar, y yo iba aterrorizada, pero quizá por esa valentía que siempre tuve que tener, producto de una vida dificil, nunca evité mirarlo a los ojos, y en mi inconsciencia infantil mientras lo miraba fijo pensaba: “sé que sos un asesino, a mí no me engañás”.

Nunca me aprendí el nombre del delincuente liberado por Cámpora, no me interesaba saberlo. Siempre fue “el hijo de Dante, el delincuente”, pero él me miraba con bronca, y a pesar de mi corta edad, era como una mosca zumbándole en el oído, le demostraba abiertamente que aunque esté pesando fruta y verdura nunca me iba a engañar, que esas manos dúctiles con la cuchilla cortando el zapallo, tenían la misma efectividad empuñando un arma y utilizándola. Que jamás sería para mí “el verdulero”, que siempre sería el asesino liberado que atendía en la verdulería.

Un día, mi madre me mandó a comprar tomates, con la salvedad que debían ser duritos porque eran para ensalada, y la indicación que los toque para ver si estaban maduros. Llegué con la angustia de todos los días, pero mostrándome altiva y altanera. Me acerqué al cajón de tomates, y al intentar verificar que los mismos tuvieran la consistencia para comerlos en ensalada, se me apareció el asesino gritánome “¡NENA, ANDATE DE ACÁ, VENÍS A APLASTARME LOS TOMATES, NO QUIERO VERTE NUNCA MÁS POR ACÁ!.

Salí corriendo, llorando le dije a mi madre que nunca más iría a la verdulería y le conté lo que había pasado.

Nunca me voy a olvidar la cara de “el hijo de Dante, el delincuente”, pero aprendí una lección, que en Argentina la justicia no sirve, porque siempre aparece un grupo de imbéciles que pretenden hacerse el país a medida, y que hoy, 44 años después, seguimos conviviendo con delincuentes, con la salvedad de que antes atendían verdulerías y hoy son multimillonarios “atendiendo y amenazando” a quienes queremos un país justo.

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Acerca de Pat Sierra (26 Artículos)
Periodista, guionista conductora de Radio y TV y bloguera. Coeditora de "Se Dice Ciencia". Realizó su carrera en radio, televisión y gráfica. Se destaca su paso por América Noticias, Crónica TV, y los ciclos propios “Para quererte mejor” en cable y “Cóncavo y Convexo” en radio, entre otros. Sus guiones “El conventillo de los sueños” y “Domador de Tormentas” han sido galardonados por Argentores, así como su monólogo “Deprimida en la peluquería” que está incluido en el libro “La cocina de los dramaturgos”. Su blog “Patricia Sierra… ¿sólo sueños o mi propia realidad?” está en la web desde 2007. Periodista Científica egresada del Instituto Leloir promoción 2014
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